sábado, 26 de septiembre de 2009

El Aborto

Crimen que los “defensores” de los Derechos Humanos no condenan sino que aprueban, presentando leyes para que se realicen, sin castigo humano.

En agosto de 1943, en la prisión de Berlín, el hoy Beato Franz Järgestätter (1907-1943), condenado a muerte como “Mártir de la conciencia” a pocas horas de vivir su martirio escribió: “Aunque escriba con las manos encadenadas, es preferible esto a tener la voluntad encadenada”.
Este Mártir -beatificado el 26 de octubre de 2007, en presencia de su esposa Franzska Scharonnger, con quien se había casado el 9 de abril de 1936, de 94 años de edad y sus tres hijas-, también escribió: “A veces, Dios se manifiesta dando fuerzas a quienes le aman y no anteponen las cosas terrenales a las realidades eternas. Ni en el calabozo, ni las cadenas, ni siquiera la muerte pueden separar a alguien del amor de Dios, ni arrebatarle la fe y el libre albedrío. El poder de Dios es invencible”.

Sobre el aborto, la eutanasia y la “objeción de conciencia”, que lo llevó al martirio durante la ocupación nacional socialista Hitleriana en Austria, país donde el Beato Franz vivía; podemos afirmar que fue firme en defender la vida siguiendo las enseñanzas de La Iglesia, es decir las de Cristo.
Cincuenta y dos años después, el 25 de mayo de 1995, el Papa Juan Pablo II en su Encíclica “Evangelium Vitae" enseñaba sobre las leyes homicidas que autorizan el aborto y la eutanasia: “así pues, el aborto y la eutanacia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no solo no crean ninguna obligación de conciencia, sino por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la obligación de conciencia. Desde los orígenes de la Iglesia, la predicación apostólica inculcó a los cristianos “el deber de obedecer a las autoridades públicas legítimamente constituidas” (Rom. 13, 5-7), pero al mismo tiempo enseñó firmemente que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5, 29) (n 73)”.-

El Beato Franz, sigue el dictado de su corazón y de su conciencia para obedecer a Dios y salvar su alma. “En lo más profundo de su conciencia – enseña el Concilio Vaticano II- descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente” (Gaudium et Spes, n 16).
San Buenaventura escribió: “La conciencia es como un heraldo de Dios y su mensajero, y lo que dice no lo manda por sí misma, sino que lo manda como venido de Dios, igual que un heraldo cuando proclama el edicto del rey. Y de ello deriva el hecho e que la conciencia tiene la fuerza de obligar”.

No obstante “La conciencia, por lo tanto, no es fuente autónoma y exclusiva para decidir lo que es bueno o malo”; al contrario, “La dignidad de esta instancia racional y la autoridad de su voz y de sus juicios derivan de la verdad sobre el bien y sobre el mal moral, que esta llamados a escuchar y expresar. Esta verdad está indicada por la “ley divina” norma universal y objetiva de la moralidad” (Juan Pablo II, Encíclica “Veritatis Splendor” 1995, n 60). Queda claro que “la conciencia moral no encierra al hombre en una soledad infranqueable e impenetrable, sino que la abre a la llamada, la voz de Dios” (Ibid. N58)

Quienes presentan proyectos de ley en el Congreso, quienes apoyan y votan leyes permitiendo y aconsejando el aborto y eutanasia, quienes lo practican, por el solo hecho de “detener la vida”: son criminales pues le han quitado ese “derecho humano” a un ser indefenso y han firmado “sentencia de muerte” desobedeciendo a Dios, “fuente de toda razón y justicia” como dice nuestra constitución Nacional. Violando nuestra Constitución Nacional son también “infames traidores a la patria”, como la misma Constitución llama y considera a quienes la viole.

El beato Franz obedeció a su conciencia hasta el final por eso antes de su ejecución dijo: “Doy gracias a Nuestro Salvador por el hecho de poder sufrir e incluso morir por Él”. Recomienda también que no se alimenten pensamientos de ira o venganza contra nadie pues “durante todo el tiempo que un hombre esté vivo, es nuestro deber ayudarle con nuestro amor para que camine por el camino del cielo”. Minutos después es decapitado a las 16hs del 9 de agosto de 1943. Su cuerpo es incinerado por orden de las autoridades. La urna funeraria fue enterada en el cementerio de Santa Radegonda, Alta Austria.-

Pidamos al Señor Jesús, por medio del Beatro Franz, que podamos seguir siempre la voz de nuestra conciencia guiados por ÉL, sin permitir que nos detenga ninguna consideración humana. Que María Madre nos acompañe y el Espíritu Santo nos fortalezca. Amén.-

Padre Christian.-
Monasterio-Cárcel en Marcos Paz.-
Agosto 2009.-

Nota: La vida del Beato Franz fue tomada de la “Abadía de San José” en Favigny – sur- Ozerain.-

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